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Pelusa

A Pelsua, la gatita, la encontré abandonada, sucia y pulgosa. Le di casa.

Dark, mi otro gato, el primero que he tenido, no la recibió con afecto, le rugía y al verla salía corriendo. Pelusa tenía apenas un mes.

A las pocas semanas Dark y Pelusa se volvieron mejores amigos. Corren juntos. se muerden, trepan a los árboles, se tienden en el suelo a respirar el aire del ambiente.

Dark cambió mucho. Pelusa le hizo cambiar.

Pero ahora Pelusa está enferma. No sé qué tiene. El veterinario le ha puesto en tratamiento. Dice que parece tener un parásito en la sangre y problemas en el riñón. Pelusa debe tener cerca de ocho meses. Es juguetona, confianzuda y pelea como una fiera salvaje cuando algo no le gusta.

Su respiración es agitada y saca la lengua como perro. Trato de reducir su horas de juego para que no se agite más de lo debido. Pelusa usa una máscara negra sobre los ojos, su cola es esponjosa.

Hoy le pusieron la segunda inyección y el lunes le toca la tercer y última. Luego de ahí medicación por treinta días y otra vez llevarla a un chequeo. «¿Y si no se recupera?», le pregunto y el veterinario me explica que si se va recuperar.

¡Hasta los animales se enferman!

Plantas

Al gato Dark le mordió un perro. No sé en qué momento ocurrió.

Le vi el costado y tenía dos heridas, las marcas de los colmillos. Le llevé al veterinario. Le curó la herida. El gato Dark estuvo dos semanas sin poder salir de casa, aprisionado con el collar isabelino.

Me contagió su dolor y aburrimiento.

La primera noche durmió en mi cama, adolorido. Tuve que torcer mi cuerpo para dejarle espacio libre y esté cómodo.

El gato Dark ya está bien. Las heridas cicatrizaron y ahora sale todas las noches. Se escapa al tejado. Le gusta olfatear todo lo que encuentra en su camino.

El gato Dark es un animalito de casa. No come carne o pollo, solo su croquetas que comparte con la Pelusa, mi otra gata.

A Pelusa la rescaté. La encontré en mitad del parque maullando desesperada. La lleva a casa, tenía una garrita lastimada y mucha hambre.

Le serví agua y un poco de comida. Bebió, comió y se quedó dormida. Ya está grande y muy juguetona. le gusta morder al gato Dark. Ver jugar a dos gatos es entretenido. Supera a Netflix.

En el techo de la casa armé una caja para sembrar pasto y otras plantas para que los gatos muerdan y jueguen.

Agobio

Tomado de rebloggy

Estoy en la fila esperando mi turno para comprar el pan.

Solo faltan 3 personas para hacer mi pedido, diez panes. Pediré ocho francés y dos de de yema. Quiero llegar rápido e irme a casa. Tengo hambre. El desayuno será de qüaquer con manzana, un poco de canela y clavo de olor.

Cuando desayuno mi gato Dark se sube a mis rodillas y duerme. Necesito acercarme al mostrador y pedir, diez panes, ocho francés y dos de de yema, por favor.

El tipo delante de mi se ve contento, parece cantar. Mueve la cabeza siguiendo el ritmo de la música en su audífonos. La cola no avanza.

De pronto aparece la sensación de agobio. No lo quiero, no otra vez.

—Amigo, tienes hora —pregunto al joven de va delante de mi. No me responde, así que insisto—. Amigo…

—Ahí dice, en el papel que te dieron.

No me importa su diálogo, lo utilizo para liberarme del agobio.

—El que sigue — dice la chica que atiende.

Por fin puedo moverme. Mis palabras salen torpes. Se que hablo pero no escucho mi voz. Salgo a la calle con prisa. Hace meses tuve un ataque de pánico y no quiero repetir la experiencia.

El proceso de recuperarse es largo.

Gracias por escuchar.

Luna lunera

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Tomado de Pao AleCruz.

Las noches son silenciosas. Pero miento.

Las noches las habitan criaturas nocturnas. Aparecen sigilosas y ágiles, emergiendo de debajo de las bancas, descolgándose de las paredes y los techos.

Suben desde los sótanos, de sus oscuros refugios. Otros, aparecen, caen en sus patas delanteras y se aproximan cautelosos.

Algunas más despiertan a sus dueños. Levantan las cabezas y las orejas escuchando el silencio. Emprenden una carrera a la libertad que les llama.

El parque, amplio y fresco, se convierte en su fortaleza y su guarida. En su reino peligroso y hostil.

Corren y se persiguen. Juegan. Se muerden.

Un ruido les pone en alerta.

El Can comete la imprudencia de acercarse demasiado. Gruñe desafiante.

En un segundo está rodeado. La cola recogida y el cuerpecillo doblado. Aúlla pidiendo clemencia, piedad. Su lamentoso quejido me despierta.

Abrigo mi cansado cuerpo con una manta. Busco mis anteojos. Calzo un par de sandalias y asomo la cabeza por sobre el muro que me distancia del parque.

El Can es liberado por el ejército de las criaturas nocturnas. Corre si voltear atrás.

Los sinuosos crápulas continúan ejerciendo su poder protegidos por la pálida luz de luna.

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