A Pelsua, la gatita, la encontré abandonada, sucia y pulgosa. Le di casa.

Dark, mi otro gato, el primero que he tenido, no la recibió con afecto, le rugía y al verla salía corriendo. Pelusa tenía apenas un mes.

A las pocas semanas Dark y Pelusa se volvieron mejores amigos. Corren juntos. se muerden, trepan a los árboles, se tienden en el suelo a respirar el aire del ambiente.

Dark cambió mucho. Pelusa le hizo cambiar.

Pero ahora Pelusa está enferma. No sé qué tiene. El veterinario le ha puesto en tratamiento. Dice que parece tener un parásito en la sangre y problemas en el riñón. Pelusa debe tener cerca de ocho meses. Es juguetona, confianzuda y pelea como una fiera salvaje cuando algo no le gusta.

Su respiración es agitada y saca la lengua como perro. Trato de reducir su horas de juego para que no se agite más de lo debido. Pelusa usa una máscara negra sobre los ojos, su cola es esponjosa.

Hoy le pusieron la segunda inyección y el lunes le toca la tercer y última. Luego de ahí medicación por treinta días y otra vez llevarla a un chequeo. «¿Y si no se recupera?», le pregunto y el veterinario me explica que si se va recuperar.

¡Hasta los animales se enferman!