He parado el tiempo. Cogí el reloj de pared y le quité la pila. Ahora no anda. Se ha quedado plantado a las 6:20 p.m. Estoy en casa de mis padres.

En mi casa el reloj señala indefinidamente que faltan apenas unos segundos para la seis.

Por el momento no quiero pensar en el tiempo. Me siento roto. Pero la doctora ha dicho que mi problema tiene que ver con un esquema de pensamientos que debo superar y cambiar para bien.

Así que el gran reto es ese, superar mis pensamientos. Redirigirlos hacia un lugar sano, sensato, duradero y optimista. No puedo negar que siento terror. Desde hace unos días, todo es terror. Por momentos se me derrumba el piso y en otros momentos aparecen ganas de llorar, pero no puedo permitirme eso.

No tengo las herramientas para hacerles frente pero ya lo dijeron personas inteligentes, hay que aprender.

La idea no es “Ser fuerte”, sino ser sabio y astuto. Desmembrar el problema en pequeños pedazos más fáciles de resolver. Para ello primero debo conocer el problema, aprender de él y luego reconocer sus partes, separarlo y enfrentarlo.

Luchar los pensamientos negativos con nuevos pensamientos.
Hoy conversé con mi jefe y me ha pedido que se deje sin efecto mi renuncia. Le dije que no. No quiero regresar.

Siempre enlatado en la rutina que no ha cambiado ni mejorado. Y a su vez, se me presenta una oportunidad nueva para explorar. Es lo que quiero, aunque siento temor y un poco de nervios, pero es diferente pues no se siente como una carga, sino como una posibilidad, como la página en blanco para ser llenada con algo, una pintura, un dibujo, una historia.

¡Es lo que quiero!

Pero es hora de cenar. Nos vemos mañana.

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